miércoles, 22 de febrero de 2017

Sobre el concepto de retrato en Jean-Luc Nancy








En el libro La mirada del retrato, el filósofo francés Jean-Luc Nancy aborda el tema del retrato desde una postura hegeliana. Desde las primeras líneas de su obra Nancy subraya que “en sentido estricto, el objeto del retrato es el sujeto absoluto: despegado de todo lo que no es él, retirado de toda exterioridad”. En la obra mencionada, Nancy afirma que el retrato es un cuadro que se organiza alrededor de una figura. “La figura es el fin de la representación, con exclusión de cualquier otra escena o relación, de cualquier otro valor o meta de representación, evocación o significado”.

“El retrato no consiste en revelar una identidad o un yo”. En el retrato se busca una revelación del sujeto a través de la imitación, es decir, de la semejanza. El retrato es un develamiento y éste se lleva a cabo si se pone al descubierto la estructura del sujeto, “su ser dentro de sí”. “El develamiento de un yo no puede tener lugar más que poniendo esta exposición en obra y acto: pintar o figurar ya no es entonces reproducir, y tampoco revelar, sino producir lo expuesto”, exponer al sujeto. Y si algo rodea al sujeto, eso debe “supeditarse estrictamente a su pura y simple posición para sí. Un sí en sí y para sí, tal es la tarea única y exclusiva del retrato”.


Véase

-Jean-Luc Nancy, La mirada del retrato (Buenos Aires: Amorrortu editores, 2006).

Los conceptos antiguos de imagen y la prohibición de su elaboración






Para adentrarnos al mundo del retrato es preciso comprender a este artefacto como una imagen. De acuerdo con Fernando Zamora Águila, la imagen se ha definido con las palabras imago, eikon y eidolon.

“En el entorno febrero, tal como se ha plasmado en los textos bíblicos, la imagen material está cargada de sentidos negativos. Según Alain Bensacon, una treintena de vocablos hebreos afines a la noción de imagen tiene significados como `vanidad, nada, mentira, iniquidad... inmundicia, excremento, soplo, cosa vana, abominación´... El común denominador a todas estas nociones es –de acuerdo con Zamora Águila–la implicación de falsedad y engaño.

Para Zamora Águila, la tradición hebrea se llega a enlazar con la griega y posteriormente con la tradición cristiana; por ejemplo, la palabra eidolon (ídolo) contiene un valor fuertemente negativo, ligado a la falsedad de toda representación visual. Además, la eidolon podría degenerar con facilidad en la idolatría. Es decir, el culto a un ídolo era rechazado. Al abundar más sobre el concepto de eidolon, este investigador de la UNAM afirma que en el mundo latino significaba inicialmente “fantasma de un muerto”, o bien “espectro”, y después imagen o retrato de una persona desaparecida.

En Filosofía de la imagen, expone que el significado de la palabra Eikon, de origen griego, se entendía como la representación de una cosa existente, mientras que eidolon era la representación falsa de lo que no existe. De tal modo, eikon estaría relacionada con la palabra Ícono, que comprendemos como semejanza. Además, el Eikon pertenece al mundo de las apariencias y no es más que una física de la forma... Asimismo, afirma que en Platón, la imagen visual o “ícono (eikon) se relaciona con la imitación (mimesis) y ésta es descalificada por el filósofo como una mentira, engaño, seducción, irracionalidad, corrupción de las almas.

Por otra parte sobre la prohibición de las imágenes, el investigador Alain Besancon observó que en el Antiguo Testamento se entrelazan dos temas que se vinculan con la imagen: “la prohibición absoluta para elaborar imágenes y la afirmación de que existen imágenes de Dios". En el texto bíblico se subraya que Dios es celoso y no tolera que su pueblo “tenga otros dioses delante de él”, y por lo tanto prohíbe las imágenes  y su culto. “Y así proscribe toda representación, ya sea de lo que está en el cielo –los dioses–, o de lo que está en la tierra”.

No obstante, según Besacon, cuando apenas se selló la alianza con Dios, el pueblo la rompió al pedir dioses por delante para adorarlos. Per ello no representa una especie de traición, sino que el pueblo sólo quería poseer una imagen que hiciera visible a Dios, para comprenderlo de tal modo. Es decir, el pueblo no había cambiado de Dios, sino que sólo quería una manifestación visible, una imagen. Pero Dios lo que deseaba era evitar la idolatría (eidolon).

Véase:

-Alain Besancon, La imagen prohibida. Una historia intelectual de la iconoclasia (Madrid: Ediciones Siruela, 2003).
-Fernando Zamora Águila, Filosofía de la Imagen, (México: UNAM-ENAP, 2007).




lunes, 20 de febrero de 2017

La gramática del retrato





Jacopo Pontormo, Lady in a Red Dress, circa 1523.



El título de esta entrada corresponde con la construcción del retrato, es decir, con su fabricación, con su poiesis. En la elaboración de un retrato se ponen en juego distintas estrategias, y éstas responden a la finalidad de la obra. El centro de interés de un retrato es la figura. Alrededor de esta se van configurando las decisiones del  autor, quien decide sobre la estética de la imagen.

En la gramática del retrato se observa la trascendencia de la figura, ya sea mediante el uso de diversos recursos simbólicos o mediante el espacio que llega a ocupar el cuerpo en el cuadro. Es decir, en el retrato sobresalen además de las características del cuerpo y la estructura física del sujeto, algunas propiedades externas a la figura; esas características se utilizan para vestir de cualidades al sujeto del retrato.

En la lectura de la gramática del retrato se observa el espacio que ocupa la figura del sujeto (cuerpo entero, medio cuerpo, busto o de acercamiento o la fragmentación del rostro para destacar algún detalle), la postura corporal (frontal, de tres cuartos o perfil) y el ángulo elegido para la reconfiguración de esa figura.  En The Art of the Portrait, Norbert Schneider afirma que en la elaboración de los retratos, sobre todo en los reservados para la monarquía o para los miembros de la nobleza, destacan los retratos de cuerpo entero o los retratos de tres cuartos, pero también sobresalen aquellas obras en las que se aprecia únicamente el rostro y parte de los hombros del sujeto. “Las poses típicas incluyen la vista de perfil, con su dignidad y aire hierático, como reminiscencia de la antigüedad clásica, la vista de tres cuartos, de medio cuerpo, la vista frontal o la de cuerpo completo, con formas usualmente sugestivas y mirada directa. Además de los retratos individuales, cuya función era la descripción de figuras públicas, el retrato se cultivó omo una institución artística”.

El mismo Schneider subraya que los retratos funcionaron como símbolos de estatus en el que se corporalizaron los cuerpos de distintas sociedades, mientras que al mismo tiempo se definían los roles y las jerarquías dentro de los mismos grupos. Igualmente los retratos de parejas casadas y de grupos familiares permitieron forjar las bases sociales del temprano estado moderno y para proyectar una imagen de sí mismos, que era consistente con las convenciones de la época.


Para mayor información véase Norbert Schneider, The Art of the Portrait (Cologne: Taschen, 1999).

sábado, 18 de febrero de 2017

Sobre el retrato



Una aproximación antropológica al tema del retrato retrato nos permite comprender que a lo largo de la historia este artefacto ha sido indispensable en la celebración de ritos y ceremonias desde tiempos muy remotos. En las conmemoraciones en las que el retrato es un dispositivo fundamental hay un elemento que le rodea y le otorga sentido: el mito. De acuerdo con Joseph Campbell, el mito es la materia de nuestra vida, de nuestro cuerpo y nuestro ambiente. El mito se ocupa de la naturaleza, del origen y del conocimiento de una época. El mito es una creación del hombre, nadie más que él es capaz de crear mitos para explicarse su derredor. ¿De qué otra manera nos explicamos las historias que se tejen en torno a una imagen o un retrato, sobre todo cuando la figura del retrato nos es lejana y algo ajena?

Indudablemente la figura del retrato está asociada a la idea de la memoria y la reconfiguración de los recuerdos. Para Hans Belting, el retrato es un medio simbólico, un emblema, un antiguo escudo de armas en el que se extiende la presencia temporal y espacial. “En el retrato hay un desplazamiento de lo íntimo a lo público.”

Como parte de los ritos familiares, el retrato es una especie de “escudo-signo” en el que se conocen y se reconocen los miembros del clan y en el que además se cuestionan sobre su origen. Sin embargo, el retrato no es un artefacto que se limite al ámbito privado sino que extiende su influencia en la esfera pública en la cual la imagen de las figuras políticas, religiosas y de algunas celebridades es utilizada para crear leyendas y estereotipos

El retrato es un artefacto complejo en el que se entrecruzan intereses estéticos y políticos; es un hermoso o terrible artificio que nos acompaña de manera cotidiana. La figura inscrita en un retrato demanda nuestra mirada; nos invita a ensoñar, a recordar, a evocar y a construir memorias, sean colectivas o individuales. Si defino al retrato como un artefacto se debe a que la misma representación es un artificio creado por la mano del hombre o bien por medio de ciertos dispositivos utilizados por este.

El retrato se relaciona con la idea de la identidad y la semejanza. Como afirma Jean-Luc Nancy, en esta imagen la imitación tiene primeramente su fin en una revelación o en un develamiento que haría salir al yo, de tal manera, en el espacio simbólico que es el retrato todo se ajusta a la figura representada. “El objeto del retrato es el sujeto absoluto, despegado de todo lo que no es él, retirado de toda exterioridad”. Según Nancy

La figura es el fin de la representación, con exclusión de cualquier otra escena o relación de cualquier otro valor o meterá de representación, evocación o significado”.

Al elaborar un retrato ponemos en juego nociones como la ausencia, la construcción de la memoria colectiva o personal, la ficción o la semejanza y la reconfiguración de los recuerdos. El retrato es un género que se relaciona con la identidad y con la creación de atmósferas.